Redisseny de ‘Le Monde Diplomatique’
En una setmana i mitja c’est fini! a prendre pel sac el curs, i si tot va bé (si no li fotaré un tret a la cama a algú…) evolucionaré a lo cèl·lula en tot un senyor director d’art amb bigoti.







La Fageda d’en Jordà per Maragall
Saps on és la fageda d’en Jordà?
Si vas pels vols d’Olot, amunt del pla,
trobaràs un indret verd i profond
com mai cap més n’hagis trobat al món:
un verd com d’aigua endins, profond i clar;
el verd de la fageda d’en Jordà.
El caminant, quan entra en aquest lloc,
comença a caminar-hi a poc a poc;
compta els seus passos en la gran quietud:
s’atura, i no sent res, i està perdut.
Li agafa un dolç oblit de tot lo món
en el silenci d’aquell lloc profond,
i no pensa en sortir, o hi pensa en va:
és pres de la fageda d’en Jordà,
presoner del silenci i la verdor.
Oh companyia! Oh deslliurant presó!Joan Maragall (1860-1911)
La opinión del hijo del vecino
Article de Javier Marías publicat a El País Dominical del 30 de maig.
Una de las más extrañas características de nuestra época es no ya que muchas personas no diferencien entre lo público y lo privado, ni entre lo que es aceptable en un ámbito y en otro, sino que no soportan que sus filias y fobias, sus experiencias y sus vergüenzas, sus exabruptos y sus prácticas sexuales, permanezcan sólo en el segundo. Es como si la esfera privada les pareciera siempre insuficiente y poco menos que un oprobio, y tuvieran la necesidad de que sus pensamientos e intimidades llegaran al mayor número posible de ciudadanos, aunque maldito lo que les interese a éstos la arbitraria e indocumentada opinión de sus vecinos.
Desde hace tiempo, las televisiones fomentan esta actitud vanidosa de las poblaciones, instando a los espectadores a enviar SMS que aparecen sobreimpresos en la pantalla mientras se desarrolla cualquier programa. Una de las claves del éxito de la televisión es que permite, al que se sienta ante ella, despotricar a su gusto, sin razonamiento e impunemente, contra todo lo que va viendo –o adorarlo, da lo mismo– en el salón de su casa. “Menudo imbécil”, hemos pensado o exclamado todos ante la aparición de un individuo, sin darle casi tiempo a expresarse. O “No aguanto a este sujeto”, o “Vaya jeta”, o “Qué buena está esta tía, cómo me pone”. La publicación de los SMS supone que estos comentarios, estrictamente privados y de los que los demás, por suerte, no teníamos que enterarnos, sean impuestos a la totalidad de espectadores. Si está la Pantoja en el plató, nos vemos obligados a ir leyendo sandeces que antes nos ahorrábamos: “Pantoja, eres lo peor, petarda”; o “Pantoja, cuantos más años cumples más te lo comería todo”, por ejemplo. La gente que envía esos mensajes se debe de sentir muy ufana de ver su chorrada o burrada sobre la pantalla –y a veces su nombre–. “Joé, lo que he soltado, y se lo ha tenido que tragar todo el mundo. Soy alguien, protagonista durante diez segundos”. No hace falta decir que el propósito de las cadenas es embolsarse, en amigable reparto con las telefónicas, el dinero que cada SMS les cuesta a los tontos fatuos que pican.
Pero la cosa adquiere un grado de perversión mayor cuando se trata de programas “serios” y no de mero despellejamiento –tertulias o debates sobre alguna materia compleja– y se invita a los espectadores legos a que manden sus opiniones: “Ante el plan de ajuste del Gobierno, ¿por dónde recortaría usted?”, lo cual viene a ser como preguntarles: “Ante una operación de cerebro, ¿por dónde abriría el cráneo?”, o “Prospecciones petrolíferas: ¿por dónde buscaría usted?” ¿Cuál es el sentido de dar entrada a los profanos en cuestiones técnicas sobre las que no tienen ni idea, aparte de halagarlos con malas artes? No se trata de un muestreo, puesto que los que contestan no son representativos más que de los que ven cada programa; lo que digan no es vinculante –cómo podría serlo– ni será tenido en cuenta por nadie con capacidad decisoria; es más, a nadie le importa un bledo. Volvemos al negocio, al cobro de las llamadas de los incautos narcisistas. Pero aquí la práctica tiene además un efecto engañoso. Crea la falsa impresión de que “Tengo derecho a opinar de todo, aunque no sepa nada del asunto. Que me lo pregunten todo porque soy ‘la opinión pública’ y se ha de contar conmigo hasta en el último detalle”. Da a los bobos presumidos la sensación ilusa de que “participan”, cuando lo que ellos expresen sobre esa pantalla carece de toda incidencia en la realidad política. A lo sumo les sirve de desahogo, y para darles un codazo a sus señoras y espetarles orgullosos: “Mira, eso es lo que he enviado yo, lo han puesto”. Para eso podrían haberse ahorrado el SMS y haber hecho su comentario, como antaño, sólo en el salón de su casa.
Todo esto propicia, como efecto lateral, que mucha gente entienda cada vez menos en qué consisten la democracia y el sistema parlamentario. Se acentúa cierta tendencia al asambleísmo, y ese no es el sistema que elegimos. Por muchos SMS antitaurinos que se lancen a un programa, por muchos manifestantes que se desnuden en la calle fingiéndose banderilleados, si el Parlamento no prohíbe las corridas, los mensajitos y las pantomimas carecen de todo peso. Han pasado treinta años largos desde que contamos con una democracia representativa, y demasiada gente sigue sin vincular lo que vota con lo que ocurre luego. Se elige por vaga afinidad ideológica, o por mera simpatía, o por aversión a un partido. Rara vez se asocia el voto con las previsibles consecuencias, y se cree que ante cada medida han de ser consultados el pueblo o los telespectadores. Demasiados ciudadanos no parecen haber comprendido, todavía, que es el Parlamento quien toma las decisiones en representación de los votantes, y que por eso importa mucho a quiénes se encarga su composición. Por poner un solo y sólito ejemplo: no conozco a nadie que no esté cabreadísimo y desesperado por la situación de Madrid desde hace veinte años, los que llevan rigiéndola alcaldes del PP. Lo que los cabreados no ven, asombrosamente, es que la proliferación de obras eternas e injustificadas, suciedad, especulación, caos, plazas inhóspitas de emporcado granito, destrucción de los mejores parajes como las Vistillas, es consecuencia directa de lo que ellos mismos llevan cuatro lustros votando, y van a seguir, por lo visto. Menos mensajitos presuntuosos, caros e inútiles, menos dejarse estafar, y un poco más de atar cabos, o de razonamiento.
I Pujada al tibidabo
Carta oberta a la organització de la I Pujada al Tibidabo: about:sport&communication
El meu nom és David Tortosa i Aguarón (6è classificat de la cursa)
Us envio aquest correu per mostrar-vos la meva total insatisfacció respecte a la organització de la cursa. Ja ho vaig verbalitzar nomes acabar la cursa al periodista que us feia d’speaker però em vull assegurar que us arribi la meva queixa.
Entenc que és la primera edició i per això es poden perdonar coses, però cometre errors tant greus respecte al recorregut no s’haurien de permetre, a més pagant cada participant 18 euros.
Primer punt, la llarga espera als dorsals, al principi hi havia dues persones repartint dorsals, i fins que no es van afegir més persones (al cap de 10/15 minuts) la cua no avançava gens (amb el que comporta de refredament pels que ja havíem escalfat), no es pot oferir aquest servei fent pagar 18 euros.
En segon lloc, un cop donada la sortida i havent arribat a la carretera de les aigües, resulta que en el primer gir a l’esquerra els dos atletes capdavanters enfilen cap a munt pràcticament camp a través, ja que en aquell punt hi havia una voluntària, jo al saber que no era per allà i arribar al punt (anava tercer), primer m’asseguro preguntant-li a la voluntària i em diu “no, tienes que seguir recto” mentre els altres dos atletes seguien muntanya a munt sense que aquesta voluntària els avises.
Em poso a cridar-los que no era per allà, que baixessin, ells ho fan literalment camp a través amb el risc que això comporta, jo els hi crido que vagin a poc a poc, que jo i un altre corredor que anava a la meva alçada ja els esperàvem.
Un cop reincorporada la marxa arribem a l’alçada de la rampa on s’havia de deixar la carretera de les aigües, i oh! sorpresa no hi ha cap voluntari, ni el més greu, CAP senyalització del recorregut.
Indico jo mateix als corredors que han de girar i pujar la rampa.
Un cop pujant la rampa ens trobem a la cruïlla on pots seguir recte o girar a la dreta cap a can borni, i passa el mateix, ni voluntaris ni senyalització, RES DE RES. Un cop més els hi crido que és a la dreta.
A partir d’aquell punt ja hi van haver voluntaris.
La pregunta és: Si jo no hagués conegut el recorregut (per sort sóc corredor habitual de la zona) que hagués passat amb la cursa? on hauríem acabat? Una cosa és que no es tanqui el recorregut i un altre és que ho deixeu de la mà de déu com sembla que ho heu fet.
Mai amb els meus 20 anys de pràctica de l’atletisme havia vist alguna cosa semblant
Un altre tema és l’avituallament al llarg de la cursa: jo vaig passar-hi el 5è, i els voluntaris no van tenir temps de lliurar-li l’aigua al corredor que anava darrere meu (li vaig haver de donar jo la meva); per tant, no vull saber que deu haver passat quan passaven 10 corredors alhora.
Espero sincerament que us serveixi aquesta experiència com a mínim per establir una relació qualitat-preu més proporcionada.
Resto a l’espera dels vostres comentaris, així com del vostre avís quan estiguin disponibles les classificacions…
David Tortosa.




























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